LOS ABUSOS SEXUALES Y LA RELACIÓN TERAPÉUTICA

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LOS ABUSOS SEXUALES Y LA RELACIÓN TERAPÉUTICA

LOS ABUSOS SEXUALES Y LA RELACIÓN TERAPÉUTICA

 

Los abusos sexuales son una de los traumas más severos que existen, porque suponen la ruptura de los más intimo de una persona (en este caso un niño) por parte en la mayoría de los casos de una persona que es importante para este.

Cuando hable de abusos sexuales me referire a una situación en la que un menor (generalmente de menos de 14 años)  es usado con fines de placer por alguien más mayor (desde 4-5 años más hasta 60 años de diferencia) que abusa de su situación de poder y superioridad. Cuando el abuso es a personas adultas estaremos refiriéndonos a un caso de violación y es una temática terrible pero con unas dinámicas diferentes.

En todos los casos usaré el femenino y el masculino indistintamente, porque aunque la mayoría de los abusos son a niñas (se cre que un 30 a un 40  % de las mujeres han sufrido algún tipo de abuso sexual) tambien los varones son abusados (un 10 % aproximadamente de la población). Utilizare la palabra abusador en masculino porque la inmensa mayoría de los abusadores son varones siendo muy extraños los abusos sexuales de mujeres a menores (aunque a veces se dan)

Los abusos pueden ser de varios tipos:

 

En los abusos sexuales vamos a encontrar todos los tipos de abusos reunidos. El sexual que significa las rupturas de las barreras más íntimas del niño, el físico bien porque se use la violencia o porque exista una ruptura de las barreras físicas o ambos y el psicológico porque se utiliza una posición de superioridad para poder controlar y usar al niño. Pero el abuso más desconocido y menos trabajado es el de negligencia, este es el de las personas que rodean al niño (cuidadores, familiares, profesores…) que bien por desconocimiento o por inacción o miedo no impidieron el abuso.

Cuando hablamos de abusos sexuales, estamos refiriéndonos a un trauma de estrés postraumático que va a durar toda la vida porque va a reunir lo peor de todos los traumas que puede sufir un ser humano.

El trauma psicológico puede aparecer en el momento del abuso porque el abusador use la violencia o amenace al niño o ya comenzando la adolescencia cuando el niño descubra que ha sido usado para el placer de otra persona que creía que lo trataba bien porque lo merecía, en los casos en que el abusador sea una persona de confianza y cercana se dará también lo que conocemos como “Trauma de traición”, que llevará a la creencia de que no puedo confiar en nadie (y como veremos eso incluirá al terapeuta).

Porque el abuso sexual reune lo peor del trastorno de estrés postraumático y de los traumas de apego.

 

Los abusos pueden venir de un desconocido pero en la inmensa mayoría de los casos será de alguien de confianza de la familia o peor aún de alguien de la propia familia. Alguien que se acercó al niño para ganarse su confianza, dándole atención, afecto, regalos, etc… que burló las defensas de la familia y de una forma fría y cruel se aprovechó para su placer de alguién totalmente indefenso.

 

 

 

El niño podria decir yo creía que era importante para vosotros (el abusador y el que no supo ver o detener el abuso) pero ahora sé que no lo erá. Tu me hiciste creer que me querías, que merecía ser querido y ahora sé que solo sirvo para ser un objeto, merezco que me usen y abusen de mí

 

Las consecuencias patológicas del abuso sexual son muchísimas y exceden lo que quiero exponer aquí, pero van desde los trastornos de personalidad como el “trastorno límite”, “esquizoide” “histriónico”, “antisocial” a trastornos de conducta como trastornos alimenticios (obesidad, bulimia y anorexia), adicciones (al juego, a la cocaina, a la marihuana), trastornos de ansiedad, ataques de pánico y depresiones y un patrón de abusos continuados tanto físicos como psicológicos.

La creencia vital de la persona abusada es que merezco ser abusado y por lo tanto cuando me lo hagan será porque yo soy defectuoso y yo lo he provocado

 

La herida del trauma (esta palabra viene del griego y significa “herida”) será mayor en función de diferentes factores como serán la cercania y afecto al cuidador, edad del niño abusado, de la violencia usada, de como actuaron otras figuras de apego, duración de los abusos, frecuencia de estos, diferentes abusos a lo largo de la vida etc… Estos abusos nunca van a dejar indiferente a la victima pero si que es cierto que el trauma puede ser desde liviano hasta destrozar la vida de esa persona.

 

 

 

Hartman, partiendo del paradigma del análisis transaccional creo un triángulo para poder explicar la dinámica de los abusos de cualquier tipo. En la cúspide coloco al abusador, en otro vértice coloco a la víctima y en el otro al rescatador. Este modelo es muy usado en el ámbito clínico para poder explicar la dinámica que se crea en la terapia entre el abusador (que normalmente no va a estar físicamente en la consulta pero va a estar presente todo el tiempo simbólicamente, el paciente y el terapeuta como rescatador).

 

 

Los papeles al principio de la terapia estarán claros y definidos, pero las cosas pueden complicarse a lo largo del proceso terañeutico, puesto que la terapia es algo dinámico que va a ir modificándose a lo largo del tiempo. El paciente y el terapeuta son seres humanos con sus propias experiencias y formas de relacionarse con los demás en función de su propia historia de apego con sus familiares, profesores, amigos,etc.. y esto va a verse reflejado en el proceso terapéutico.

En la relación terapéutica hablamos de “transferencia” cuando nos referimos a lo que siente el paciente hacia el terapeuta, hablamos de “contratransferencia” cuando se refiere a lo que siente el terapeuta hacia el paciente. Y se habla de “trauma vicario o por compasión” cuando el terapeuta queda contaminado o influído de cualquier modo por el trauma del propio paciente.

 

 

 

 

Hay muchos factores que pueden influir en el terapeuta (contratransferencia) a lo largo de la terapia y que pueden impedir un buen trabajo o incluso retraumatizar al paciente, bien por acción o por omisión, estos pueden ser entre otros:

  • Sexo del paciente y del terapeuta. Muchas mujeres abusadas pueden sentirse incomodas con un terapeuta hombre. En otros casos una mujer puede sentir que ese trabajo sea excesivo para ella. A veces como veremos el terapeuta de un sexo diferente puede sentirse excitado por las imágenes que trae la paciente a la consulta pudiéndose convertir como veremos en un nuevo abusador.
  • Historia del propio terapeuta: Si este fue abusado puede que no sea capaz de trabajar el abuso por miedo a su propia historia o puede culpabilizar a la victima por verla débil o sentir excesiva compasión y no saber poner límites en la relación terapeutica.
  • Circunstancias personales del terapeuta: Si por ejemplo este tiene hijos de la edad de la paciente con la que trabaja o de cuando sufrió el abuso puede sentir una rabia que le impida poder hacer un trabajo terapéutico adecuado.

En el siguiente cuadro vemos alguna de los problemas que se pueden dar en la contratransferencia:

 

 

En muchos casos con las “mejores intenciones se pueden obtener los peores resultados”, los principales peligros para el terapeuta (y por consiguiente para el paciente) pueden ser:

  1. El terapeuta se sobre implica con el paciente, lo atiende a todas horas, abandona a otros pacientes, sacrifica su vida personal… esto hará que el terapeuta se sienta muy cómodo como rescatador debido a su propia historia personal. Pero corre el riesgo de no dejar que el paciente no logré su autonomía personal y/o que esté empiece a exigir cada vez más atención y cuidados del terapeuta llegando a exigírselo lo que conducirá a un cambio de roles en el que la víctima (paciente) se convierta en abusador y el rescatador (terapeuta) sea la víctima. No olvidemos que las personas abusadas sexualmente (sobre todo de forma violenta) tienen una introyección del abusador en su mente que puede hacer que pasen de víctimas a abusadores con mucha facilidad.
  2. El terapeuta tiene miedo del material que el paciente trae a la consulta y esto lleva a un enlentecimiento de la terapia con la consiguiente frustración de ambos, el paciente puede sentirse abusado en su tiempo, esfuerzo, dinero por no ver avances convirtiendo al terapeuta de rescatador en un nuevo abusador.
  3. El terapeuta se siente un rescatador omnipotente (narcisista) que cree que puede hacerlo y saberlo todo sin necesidad de formarse ni estudiar. Cuando se produce un impasse en la terapia culpa al paciente de las faltas de avances, de su poca implicación en la terapia, etc.. Ni que decir tiene que el rescatador es un nuevo abusador.
  4. El terapeuta (generalmente del mismo sexo) por su historia pasada de abusos, la mayoría de los psicólogos y profesionales de la salud han sufrido abusos y esto incluye a los abusos sexuales también, no se ve capaz de afrontar el material traumático y tampoco se atreve a derivar al paciente a otro profesional. El rescatador se convierte en víctima pudiendo llegar a convertirse el paciente en salvador del terapeuta.
  5. El peor de los casos es el terapeuta que aprovechándose de su posición de superioridad vuelve a abusar psicológica, física o sexualmente del paciente. Esto suele ocurrir cuando los dos son de diferente sexo y las consecuencias para la psicología del paciente son catastróficas volviendo a darse todas las variables que se dieron en la infancia durante los abusos.

Estas son algunas reflexiones que he preparado sobre un taller de abusos sexuales que voy a impartir próximamente, os agradecería que escribierais dudas o comentarios en la web para poder compartirlos entre todos.

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